Las conductas desafiantes pueden manifestarse
en niños y jóvenes, planteando dificultades al trabajar en el aula; ya que las
mismas pueden favorecer y/o provocar el surgimiento de situaciones de violencia
escolar.
Las conductas desafiantes no constituyen un
problema de la persona y esto las distingue de los “problemas de conducta”, ya
que son una manifestación de la persona en interacción con un entorno físico,
social y cultural determinado.
Es fundamental establecer la causa de la
manifestación conductual: si se trata de una conducta propia del individuo o es
la consecuencia ante una determinada situación del contexto (discusión con un
compañero de clase o con la docente, obtención de una baja calificación, etc.).
Estas conductas representan un riesgo para
la persona y para quienes la rodean; limitan y restringen las posibilidades de
interacción con el medio; y dificultan el aprendizaje de una conducta
adaptativa convencional. Todo lo cual le impide al individuo integrarse a la comunidad
(escuela, barrio, club, etc.).
Las conductas desafiantes pueden ser Autolesivas (morderse los labios,
golpearse la cabeza contra la pared, etc.) o Conductas de Agresión hacia Otros (lanzar objetos, tirar del
cabello a otra persona, etc.). Estas conductas son inmotivadas, no tienen un
origen que las explique, pero suelen vincularse a cambios en el ambiente (por
ejemplo: modificaciones en las rutinas diarias).
Las conductas desafiantes se producen por
una carencia de códigos de comunicación adecuados. Constituyen una forma de
comunicación, pero inadecuada. Se dan con frecuencia en niños o adultos que
tienen un escaso lenguaje, siendo así una forma de expresar con la acción un
malestar que no pueden verbalizar o simbolizar.
Intervención Educativa
Para una intervención efectiva hay que
evaluar los condicionantes y el contexto en que aparecen. El objetivo es
mejorar la calidad de vida de la persona, desde el respeto y el trato digno y
humano; así como también su desempeño escolar.
Se debe conseguir alguna modificación en la
conducta que represente un aprendizaje de nuevas conductas posibles, ante un
entorno sobre el cual se deberá también producir modificaciones. Se debe educar
(no suprimir) y cambiar los sistemas sociales.
Desde un enfoque constructivo, no se tiende
a eliminar sino a producir modificaciones a través del desarrollo de
habilidades sociales, comunicativas y de auto-valimiento.
Estrategias de intervención:
Ø Estructurar
el tiempo y el espacio, a través de actividades planificadas y acordes a la
edad y a los intereses de la clase.
Ø Disminuir
la ansiedad que produce enfrentar una situación desconocida, anticipando lo que
deberá realizar, cómo, dónde, etc. Ofrecer información por adelantado permite
prever situaciones y adecuar la respuesta.
Es importante el trabajo en equipo y con la
familia, dentro de un clima afectivo. Para ello es conveniente realizar
Talleres, Charlas, entre otras actividades favorecedoras del intercambio
comunicativo.





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